Estamos de duelo, con mucho dolor por la tragedia ferroviaria. Acompañar a los familiares de las víctimas es lo primero. Pero también es oportunidad para la reflexión. Si analizamos la prensa de los últimos días, pasamos de tema en tema, que analizados en profundidad, todos se relacionan y forman parte del interrogante qué Estado tenemos y qué Estado queremos.
Lo que sucedió en la estación Once del FFCC Sarmiento no fue un accidente. Es consecuencia de una política, de una forma de gestionar el Estado que está haciendo crisis, que no es únicamente de los últimos 8 años, sino de las últimas décadas en Argentina. Quienes tenemos responsabilidades públicas, debemos tener la grandeza de salir del análisis de las consecuencias y plantear hacia dónde vamos como Nación.
Tiempo atrás, pasajeros indignados quemaron trenes cuando el servicio con sus deficiencias colmó su paciencia. El incendio de vagones fue una reacción momentánea de bronca, de ira, pero los problemas siguieron persistiendo. Esperamos que con estas nuevas víctimas no ocurra lo mismo, y que podamos reflexionar en profundidad qué estamos haciendo con el Estado. Tenemos que entender que los oficialismos no tienen la potestad para definir todo, y que la oposición siempre tiene ideas para aportar. Política de Estado es la cuestión de Malvinas, pero también son los servicios públicos. La forma en que la gente viaja es un indicador del grado de bienestar de una sociedad. Nuestras rutas, trenes y aviones nos alertan sobre graves problemas.
El gobierno debería abrir una discusión franca acerca de la distribución de los recursos del Estado. Es hora de abordar los temas estructurales y no malgastar en subsidios indiscriminados. Estas concesionarias recibieron 15.400 millones de pesos en 5 años que fueron destinados a gastos corrientes para brindar el servicio, sin importar las cuestiones de infraestructura y la calidad del mismo. Debemos empezar a hablar de la productividad del gasto público en las provincias, en los municipios, en la Nación, en el Congreso, en las empresas concesionadas. Esa es una gran responsabilidad social que debemos emprender.
Todos los temas de los que hablamos en los últimos días tienen un factor común. Con la minería nos preguntamos cuál debe ser su rol en los próximos 50 años, porque nos podemos insertar positivamente, pero con sustentabilidad, preservando los recursos y el medioambiente. La discusión sobre las dietas de los legisladores es también un debate sobre el rol del Estado y qué Congreso necesita la Argentina. Hoy nos preocupamos por los trenes, pero en el medio también hablamos de Malvinas, del Proyecto X de Gendarmería y de la trata de personas, con Susana Trimarco luchando en soledad. Cada noticia desplaza a la otra y perdemos de vista la esencia del análisis como un todo.
Incluir en este análisis la Justicia, además de los problemas de los Ejecutivos o del Poder Legislativo, es mirar al Estado en forma integral. El Poder Judicial también tiene mucho por cambiar, mucho por hacer y mucho por decir. Todos los poderes debemos aportar soluciones hacia el futuro.
En Argentina recuperamos la noción de la importancia del Estado en los últimos años, pero no solucionamos los problemas cotidianos de la gente. La política oficial es una política de autosuficiencia y de autocomplacencia a partir de logros obtenidos, que no los discutimos, pero reconocer los que aún falta por hacer, debería ser una situación normal.
Cuando hablamos de distribución del ingreso, decimos que tiene que haber buenos salarios para todos los trabajadores, y un Estado proveedor de servicios comunes de calidad.
Hoy las provincias tienen miles de millones de pesos de déficit porque no pueden hacer frente a los servicios de Educación, Salud, Justicia y Seguridad ya que los recursos están en la Nación. ¿Es un problema de Santa Fe? No, es de todas las provincias argentinas, entonces debemos abordarlos desde esa mirada estructural.
Con los servicios públicos de transporte y de energía estamos en la misma situación, porque sostuvimos la energía barata como si abundara y se pudiera consumir sin tener un plan de uso racional y adaptado a cada realidad regional.
Tenemos dos caminos: el del caos, el de todos contra todos, o el de un gobierno que reconoce los problemas estructurales a pesar de los logros obtenidos, y convoca a la oposición responsable a hablar de políticas de Estado.
Vivir el dolor, acompañar a los que sufren y recuperar la tranquilidad para analizar los temas estructurales es el imperativo actual. Las y los argentinos tenemos la posibilidad de vivir mejor, porque poseemos los recursos que el mundo demanda. Debemos asumir el desafío con grandeza y responsabilidad.
Fuente: La Capital
No hay comentarios:
Publicar un comentario